miércoles, julio 01, 2009

El amor humano es también amor de Dios. A veces no lo podemos percibir así porque hemos empañado y contaminado tanto el amor humano que no lo dejamos que refleje su horizonte trascendente. Lo hemos mutilado y empequeñecido, le cortamos las alas, los alcances y los sueños. Lo destinamos a que se arrastre y mendigue migajas. Lo colmamos de indignidad, dudas, culpas, temores, miedos, complejos y vergüenzas, propias y ajenas, personales y sociales. No dejamos que el cuerpo toque el alma y que el espíritu viva en paz con su propia carne. Todo lo hemos separado, dividido y fragmentado.

Nos hemos olvidado aquello que dice el Nuevo Testamento. “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8.16) y que además “el Verbo se hizo carne” (Jn 1, 14). Dios es también el rostro del amor humano, un Dios humanado en el amor.

Si Dios está humanado en el amor humano –entonces- el amor humano está divinizado en Dios. Dios es amor humano: El amor humano es divino. El tiempo del amor humano se hace eterno y la eternidad del amor divino navega en el tiempo. Hay que dejar que el Verbo se haga carne en el amor para que el amor se haga verbo y se conjugue en nosotros.

Texto 8:

El amor es generoso: Alberga dentro de sí los sentimientos más dispares y contrarios. No todos los sentimientos que guarda el amor son de alegría y paz, luz e irradiación. A veces lo acosan sentimientos duros, opacos, dramáticos y oscuros. El amor tiene muchos sentimientos dentro. Hay amores que tienen muchos amores dentro.

Sentimientos de tristeza, melancolía, nostalgia, angustia, ansiedad e impaciencia pueden revestir las fibras con las que se cubre el amor. Hay amores que gozan y hay otros que sufren, sangran y lloran. Amores que se rompen y quiebran. Amores que no sueñan con ningún deseo y que se ponen en el último lugar. Hay amores que son humillados y olvidados, envejecen en silencio y soledad. Amores que aman desde la distancia, sin pronunciarse. Que respiran y laten desde otros corazones, esperando milagros y un camino sin huellas de tristezas que le haga trampa al tiempo aunque el tiempo, siempre mezquino, termina traicionándonos: Nos convierte definitivamente en quienes somos. El tiempo resulta corto cuando el amor es grande.

Cada historia traza las líneas de amores y desamores. El relato del amor requiere de sentimientos que no siempre se pueden expresar. Pronunciar un sentimiento de amor es casi imposible, para hacerlo, uno tendría que morir. Sin embargo, el amor insiste en ser nombrado y en resucitar. No tiene en cuenta la muerte que acaece. Su vocación es la vida. Lo más asombroso del amor es aquello que aún no conocemos, algo inverosímil y superlativo, utopía y fascinación. El amor es resurrección. Quien no ama, muere.

Dios nos ama en los que nos aman. Si Dios nos ama, todo es posible. Existimos para amar porque existimos amados. Si es posible el amor, nada hay imposible. Todo amor es una "bendición": Es querer el bien, compartir el bien, queriéndonos bien y haciéndonos bien.

Hay que aceptar ser amados por la sola "razón" de sí mismo: En eso consiste la gratuidad. No hay otra razón que el “porque sí” del amor. La otra persona nos ama simplemente porque somos nosotros. No hay que buscarle “razones” al amor. Es así de simple y así de profundo. Sólo es. Sólo acontece. No sabemos cuándo, ni cómo, ni dónde pero ciertamente aparece y lo cambia todo.

El amor, incluso el más pobre, es omnipotente, puede hacerlo todo y alcanzarlo todo. Todo lo que ha sido amor; ha sido de Dios. En el amor todo es gracia y en la gracia todo es amor. El amor es el secreto de todos los misterios. El amor es la más hermosa metáfora de Dios.

Le doy gracias a Dios porque te hizo y, al crearte, creó también la posibilidad de este vínculo. Te doy gracias por existir. Mi mundo sería inmensamente más pobre sin ti. Te doy gracias porque te has convertido en un milagro para mí y por todo lo que me has hecho ganar y también por lo que aún tengo que entregar. Con sólo amarme, me has hecho especial.

Deseo un corazón agradecido capaz de guardar todo lo tuyo y lo mío. Y si no puedo anclar en tu corazón, déjame al menos, naufragar en él y conocer así el mar inmenso de este amor que recorre todos mis amores.

El amor nos pronuncia. Hay que pronunciar al amor. El amor es ese invento que Dios hizo para que nos pareciéramos a Él.



Eduardo Casas.

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