Se es libre en el amor hasta el momento en que nos decidimos en concreto a amar a alguien. Una vez que lo hacemos, ya no somos libres. Amar es decidir una pertenencia para dejar de pertenecerse a sí mismo. Así el amor paradójicamente nos libera, tomándonos por entero, no dejando resquicio donde no lo sintamos.
En cada elección de amor hay siempre un riesgo. Cuando uno se decide amar, elige –a menudo- romper su corazón. Contrario a los que todos creen, amar es decidir vivir sin complemento. Optamos vivir partidos, entregando el alma entera para que se la lleve toda la otra parte. Nos sentimos desgarrados, gustosamente insatisfechos, incompletos, tironeados, inacabados.
Todo amor es voraz. Es feroz su apetito. Se alimenta principalmente de lo que da y todos los días necesita de una nueva entrega. No hay que cansarse de dar, ni de recibir. El amor es la más grande de las pasiones. Todas las otras convergen en él, incluso el odio que, en cuanto pasión, no se explica sino por contraste y oposición al amor. Todas las pasiones más extremas, paradójicas y contradictorias, tienen su centro en el amor. Todas las tempestades profundas del alma tienen los nombres de la única intensidad que es la vida.
El amor sólo es posible mientras haya un corazón. La pasión, en cambio, se alcanza cuando encuentra la posibilidad de dos corazones.
Hay quienes idealizan el amor de una manera exagerada, especialmente cuando no lo tienen, lo han perdido, se encuentra lejos o lo añoran. Cuando acontece el amor y el peso de los días va rodando, el complot de la rutina lo va desgastando todo y nos damos cuenta que incluso ajado, el amor que nos sostiene es un amor sufrido, transido de días y fracasos, lleno de preguntas y temores, con trampas y vergüenzas escondidas. El amor es como nosotros. Es nuestro reflejo. El amor de cada uno es como cada uno, tiene nuestros brillos y sombras, errores y aciertos, sueños y pesadillas, lo pendiente y lo que está hecho, el ayer y el hoy, todo a cuestas.
Hay amores escondidos en ocultos deseos. Amores perdidos y encontrados, recientes y añejos, largos como la vida y cortos como el día. El amor es travieso y casual. A veces inoportuno para nuestro tiempo pero exacto para su reloj y su calendario. Cambia días por noches. Cambia las estaciones del año. No todo le sale bien. Ensaya, una y otra vez. Yerra, se arrepiente y vuelve a intentarlo tenazmente. A veces, nos gana por cansancio. El amor no es lo que soñamos, no es lo que parece.
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