En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres piensa en María, invoca a María. Que Ella no se aparte nunca de tus labios, que no se aparte nunca de tu corazón; y para que obtengas la ayuda de su oración, no olvides nunca el ejemplo de su vida. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en Ella, no puedes equivocarte. Si Ella te sostiene, no caes; si Ella te protege, no tienes que temer; si Ella te guía, no te cansas; si Ella te es propicia, llegarás a la meta..."
(San Bernardo .Hom.II super "Missus est", 17: PL 183, 70-71).
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