Todas las crisis de Fe y de relaciones humanas del Padre Kentenich desaparecieron cuando fue ordenado Sacerdote y empezó a trabajar primero como profesor en el Seminario Menor de los Padres Pallottinos. Allí daba clases de Latín, el ramo más difícil y resistido por los alumnos, sin embargo para sorpresa de los demás profesores, éste era el único ramo que los alumnos no se perdían por ningún motivo. ¿Qué habría pasado?
El Padre Kentenich rompió todos los esquemas pedagógicos de rigidez, impersonalidad y dureza que caracterizaba la relación profesor‐alumno en su época. Ideó un nuevo sistema pedagógico, formó grupos y creó una amable comunidad entre él y sus alumnos: era un educador de la libertad. El Padre Kentenich tenía entonces 27 años. Pero él era sólo profesor, los alumnos tenían educadores y su propio Director Espiritual.
Por una serie de circunstancias y de manera providencial, en 1912 es nombrado Director Espiritual del Seminario Menor en Schoenstatt. El ambiente entre los jóvenes es de rebeldía e insurrección (entre los castigos se incluían los
El Padre Kentenich logra captar a esos muchachos que viven y sufren lo que él mismo vivió en su infancia.
A esos jóvenes les cuenta su verdad (se recomienda leer esa plática denominada “Acta de Prefundación” que está en el libro Documentos de Schoenstatt, del Padre Rafael Fernández, pág. 15 A). “Bajo la protección de María, queremos aprender a educarnos a nosotros mismos, para llegar a ser personalidades recias, libres y sobrenaturales”.
Los jóvenes sienten esa voluntad de entrega hacia ellos y nace una corriente renovadora: se funda una Congregación Misional, los jóvenes crean una revista, juntan dinero para las misiones, actividades antes impensadas. Así comienza a surgir en torno al Padre Kentenich un reino de libertad, algo que nunca habían experimentado antes.
Esto le costó al Padre Kentenich no pocos problemas con sus superiores, pero a pesar de esto, la corriente de libertad sigue su curso y la Congregación Misional se transforma en una Congregación Mariana.
Reflexión personal:
1.‐ ¿Qué opino sobre el acta de fundación?
2.‐ ¿Cómo me interpreta el anhelo de libertad de los jóvenes?
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