viernes, mayo 08, 2009

LA SANTIDAD DE LA VIDA DIARIA

Es la dimensión de la espiritualidad de Schoenstatt que quiere asegurar una vida de alianza, una práctica del seguimiento de Cristo, que se realiza en medio del mundo. Queremos que la Virgen nos ayude a encontrarnos con el Dios de la vida y responder a su llamado en lo cotidiano. Queremos asegurar así la unión de fe y vida. El P. Kentenich señala esta santidad de la vida diaria como camino para superar el "drama de nuestro tiempo": la ruptura entre Evangelio y cultura, entre lo divino y lo humano (cfr. EN 20).


LA ESPIRITUALIDAD INSTRUMENTAL

Es el rasgo de la espiritualidad de Schoenstatt que quiere acentuar que la alianza de amor no busca sólo una relación interpersonal, "íntima", del hombre con Dios, sino que, al mismo tiempo, nos lleva a desarrollar el compromiso de construir la historia en dependencia y contacto filial, libre y total con Cristo, el Señor de la historia.

De allí nace una fuerte conciencia de misión, de saber que el Señor nos necesita para su labor evangelizadora y que en la entrega a El -despojándonos de todo lo que nos aprisiona y haciéndonos hijos- nos hacemos con El, padres, señores de la historia (cfr. DP322).


LA FE PRACTICA EN LA DIVINA PROVIDENCIA

La fe práctica es la dimensión en la espiritualidad schoenstattiana que asegura y desarrolla su dinamismo histórico. La hondura del encuentro con Dios, basada en la alianza de amor y hecha vida en la santidad de la vida diaria y la piedad instrumental, se realiza en tanto cuanto nos anima una fe activa de búsqueda y respuesta al Dios que nos interpela permanentemente. El P. Kentenich insiste en una fe "práctica". "Práctica", porque nos lleva a buscar la voluntad de Dios en los acontecimientos concretos de la gran historia y de nuestra propia historia personal. Es "práctica", además, porque es una fe que se traduce en la vida cotidiana, en el día de trabajo.

La vida misma del P. Kentenich es un modelo y una escuela para transformarnos unidos a Cristo y a María, en activos co-creadores de la historia. El nos llama a superar las dos actitudes más corrientes que existen hoy entre los cristianos: "los pasivistas", que creen no poder o no deber intervenir en la historia, esperando que sólo Dios actúe y libere; y "los activistas", que consideran a Dios lejano, como si hubiera entregado la completa responsabilidad de la historia a los hombres, alejándose él de su papel protagónico y decisivo (cfr. DP 275).

No hay comentarios: